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Seguramente muchos escuchamos a nuestros
padres hablar de los caldos de Indianilla,
sitio a donde acudían en la madrugada
al salir de los bailes, cabarets y antros,
término que en esa época hacia
referencia a sitios de "rompe y rasga".
Se trataban de puestos que vendían
un sustancioso caldo de gallina que dio
lugar, según afirman algunos, al
caldo tlalpeño, aunque los tlalpenses
también disputan su paternidad.
Los expendios
surgieron alrededor de las instalaciones
de los tranvías de mulitas, que nacieron
en 1840 y que en 1900, para festejar el
Centenario de la Independencia: Porfirio
Díaz mandó modernizar cambiándolos
por los tranvías eléctricos.
Esto dio lugar al establecimiento de estaciones
equipadas con colosales transformadores
y generadores de sólido hierro e
igualmente enormes filtros piramidales de
de ladrillo, equipo necesario para generar
la electricidad que requería el nuevo
transporte capitalino, lo máximo
de la modernidad.
Una de estas
estaciones, desde hace años dedicada
a bodega, recientemente fue rescatada del
deterioro por el Gobierno del Distrito Federal,
mediante la Secretaría de Finanzas,
la delegación Cuauhtémoc,
e Impronta Editores por medio de Juguete
Arte Objeto AC, para convertirla en el Centro
Cultural Estación Indianilla, nuevo
concepto museístico que abrió
sus puertas al público para presentar
en sus salas colecciones que abarcan las
diversas manifestaciones plásticas
de reconocidos artistas de nuestro país.
Con la idea
de hacer cultura sustentable, al frente
del proyecto quedó como director
general el doctor Isaac Maasri, prominente
dentista, que a la par de arreglar dientes
es un exitoso promotor cultural. Él
ha sido autor de esas exposiciones que desde
hace ya varios años han convertido
al Paseo de la Reforma en una gran galería
de arte al aire libre. Todavía se
puede disfrutar de una de sus más
recientes propuestas, que diseñaron
diversos creadores y que han tenido gran
popularidad; siempre hay personas sentadas
en ellas sacándose fotos.
El lugar es
fantástico: la sola vista de la imponente
maquinaria de hierro, pulida y pintada,
la espaciosa arquitectura original, de ladrillo
y vidrio y las adecuaciones contemporáneas
que realizó con gran talento el arquitecto
Juan Álvarez del Castillo ameritarían
la visita. Pero además hay una rica
oferta de arte, comenzando por la exposición
permanente de juguete arte objeto, producto
de cuatro bienales internacionales realizadas
en la ciudad de México, que incluye
obra de artistas tales como Leonora Carrington,
Francisco Toledo, Sergio Hernández,
Brian Nisen, Luis Nishizawa, Rodolfo Morales,
José Luis Cuevas y Raúl Anguiano
entre otros, además de dos grandes
obras realizadas especialmente para este
museo por Gabriel Macotela y Manuel Marín.
También
se ofrece al público la oportunidad
de apreciar una importante colección
de libro arte objeto, creada por artistas
plásticos en colaboración
con reconocidos escritores y poetas. En
otra de las salas se contempla la exposición
fotográfica del proceso arquitectónico
del Centro Cultural Estación Indianilla.
Cuenta con un taller de litografía
por los impresores Arturo Guerrero y Francisco
Lara, un taller de grabado que labora bajo
la dirección de Lenin Fajardo y Natalia
Cobos Candela, y uno de encuadernación
que está asesorado por el maestro
Juan Manuel de la Rosa. Estos talleres están
dedicados principalmente a la creación
de libro arte objeto. Frecuentemente hay
exposiciones de distintos temas y artistas,
presentaciones de libros, conferencias,
encuentros culinarios, de gráfica
e infinidad de actividades más.
Un gran tapanco
con piso de tablones de madera aloja una
librería con libros de arte y una
agradable cafetería-bar con moderno
mobiliario en blanco y negro, mullidos sillones
y una barra minimalista que invita a beberse
un martini bien seco. La carta es breve
pero sustanciosa; lo mismo puede degustar
el "pepito Indianilla", que una
buena pasta acompañada de una ensalada
o un cafetín con pastel, si es media
tarde. La noticia más reciente es
que ya localizaron la receta de los viejos
caldos, lo que nos permitirá constatar
si a los ancestros les gustaban tanto por
la cruda ya inminente o si realmente eran
sabrosísimos. Toda el área
está decorada con enormes jarrones,
que lucen hermosos arreglos de flores frescas.
Situado en
Claudio Bernard número 111, esquina
con Niños Héroes, en la céntrica
colonia de los Doctores, este lugar se suma
a las novedades maravillosas con las que
nos sorprende continuamente nuestra fascinante
ciudad de México..
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