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El carácter pionero del Patrimonio Ferroviario

Mercedes López García

Universidad Politécnica de Madrid

Si podemos considerar al ferrocarril como uno de los principales instrumentos que lideraron el desarrollo de la revolución industrial a lo largo de todo el siglo XIX, extendiéndola por todo el mundo, los restos materiales que constituyen su patrimonio , activos o inactivos, son igualmente los primeros en ser objeto de salvaguarda en los años 50=60, surgiendo las primeras organizaciones que toman conciencia del valor del patrimonio industrial.

En efecto, el cierre de líneas en esos años en Inglaterra, origino el nacimiento de numerosas asociaciones aislada espontáneas y nada estructuradas, pero con un afán de preservación digno de admiración. Comenzó con la reapertura de dos pequeños ferrocarriles de vía estrecha, el Talyllyn y el Ffestiniog, en Gales, a principios del 50, y el ferrocarril de ancho de vía normal de Bluebell, en Sussex, en 1960.

Pero lo que realmente multiplico el crecimiento de entusiastas a favor de este patrimonio, fue el abandono de las maquinas de vapor en la siguiente década, dando lugar a uno de los movimientos más activos de preservación del patrimonio industrial. No por casualidad, la destrucción del pórtico de la estación de Euston en Londres, en 1962, erigido entre 1835 y 1837, desato una oleada de protestas originando una polémica que llego incluso al Parlamento británico, que se considera el origen de una nueva concepción del patrimonio histórico, hasta entonces desvinculado de los restos de la industrialización, sistematizándose una nueva disciplina que los ingleses denominaron Arqueología Industrial.

Por otro lado, dos ferrocarriles, uno austriaco y otro indio, el himalayo de Darjeeling al norte de Bengala, figuran en la lista 25 sitios industriales que la UNESCO tiene declarados como patrimonio de la humanidad, figurando igualmente, las minas de Guanajuato de México y Potosí en Bolivia.

A diferencia del patrimonio industrial que aunque en menor medida, todavía sigue suscitando rechazado e incomprensión, el ferrocarril en cambio, evoca simpatía y nostalgia, además de administración por el progreso que conllevan las grandes infraestructura (puentes, túneles, estaciones, etc.) y especialmente las maquina. No cabe duda, las locomotoras han fascinado a muchas generaciones y seguirá haciendo.

Emblemático por el valor de las maquinas que contiene, es el Museo de York, que a principios de los años 70, se instaló en el único depósito de locomotoras supervivientes, con dos placas giratorias, dónde permaneció, tras suprimirse una de ellas para ampliar espacio expositivo del museo, hasta 1992. Finalmente, en España, el patrimonio ferroviario está ampliamente representado en tres actuaciones significativas:

  • Las vías verdes
  • Los museos
  • La reutilización de edificios

Refiriéndose al tema que nos ocupa, el primer museo ferroviario que se organiza en España se hace en Madrid, en donde precisamente, en 1975, se clausuraba la tracción a vapor en la estación de clasificación de Vicálvaro. Creo de interés reseñar como nace la idea de crear este museo cuyo antecedentes más remotos fue la exposición conmemorativa organizada a raíz del centenario del primer ferrocarril español: el Barcelona °© Mataró en 1948, agrupando un material que llevó a pensar en la creación de un museo para salvar tan valiosa piezas.

En 1964, RENFE vuelve a estudiar el tema en el contexto del centenario de otras grandes líneas españolas, pero la dificultad de disponer de un local apropiado, lo impide, optándose como mal menor, por hacer una especie de museo de salón para que maquetas, objetos, grabados, etc.. etc.. desperdigados y de fácil presa, no se perdiesen. Así, se inicia en 1967 la andadura ,montando el primer museo ferroviario de España en cuatro salas del palacio de Fernán Núñez, hoy sede de la Fundación de Ferrocarriles Españoles, donde permanece hasta los años 80.

En efecto, en 1980, RENFE y el Ministerio de Cultura firman un acuerdo que supone la Salvaguarda de la estación de Delicias que desde 1971 se había cerrado al trafico , declarándola monumento históricos artísticos, y recuperándola como sede del Museo Nacional Ferroviario, alojando igualmente, al Museo Nacional De Ciencia y Tecnología, lo que daría lugar a un problema real de espacio para este último que aún está por consolidar, la colección de máquina de vapor, eléctrica y diesel que alberga este museo es importante y compleja de describir. Únicamente destacaremos la Mikado donada por la empresa Endesa perteneciente a un ferrocarril minero, que el museo seccionó con gran acierto, para facilitar la didáctica del mecanismo de una locomotora de vapor. Pero la gran atracción que montó el museo, aunque en la actualidad sale de la estación de Atocha, es un tren de Vapor, el llamado “ Tren de la Fresa”, propuesta puntual que el ayuntamiento de Aranjuez en 1984, fecha de la inauguración del Museo, sugiere para celebrar de nuevo un aniversario, y cuyo éxito lleva a convertirlo en una oferta cultural sistematizada que se mantiene todo el año, excepto los duros meses del invierno.

En la antigua estación del Norte, de 1873, es también la sede del Museo del Ferrocarril en Gijón, Asturias, que además de equipar a la ciudad con un edificio de Inglaterra. cuna de la Revolución Industrial es indiscutible, viendo nacer una nueva generación de museos en los que se analiza además, los contextos culturales y sociales.

Así por ejemplo, la locomotora de vapor, no sólo es la materialización del ciclo de Carnot, físico francés considerado como el padre de la termodinámica, sino que también es ja objetivación de una determinada sociedad, un modo de viajar, una capacidad técnica, un sistema de trabajo, una relación con el ambiente natural o urbano, etc. etc., un mundo interrelacionado. La ciencia y la técnica se relacionan pues, con la sociedad y surgen así museos especializados y temáticos, sobre el mundo del trabajo , sobre el territorio que se constituye en sí mismo como un gran museo con un nuevo concepto: el eco museo o museo del territorio, dando lugar a escenarios complejos necesarios para explicar y comprender la nueva realidad.

El Museo del Ironbridge creado en 1968 en una de las primeras áreas europeas del desarrollo industrial, rompió los confines entre museo y ambiente, con una idea nueva, la conservación” in situ” , dando lugar a un ecomuseo que se extiende por una zona de más de 5 kilómetros con cinco lugares museísticos singulares, con la particularidad de preservar la memoria productiva en su propio escenario. En Francia, Le Creusot es otro hito ejemplar de las mismas características a destacar, afectando a una zona más amplia. Situado igualmente en un lugar emblemático que se remonta al siglo XVIII, se cierra en 1960 y tras 14 años, surge el Eco museo dónde el patrimonio se hace paisaje construido.

Otras modalidades son los museos que recuperan áreas urbanas, algo muy afín a este tipo de museos que ven de esta manera una posibilidad de salvarse, recuperando edificios industriales en alguna ocasión con sus propias máquinas, en otras más frecuentes, adaptándose a proyectos museísticos variados, en los que el edificio en sí es el primer objeto expositivo de interés, como ocurre en el Museo de Manchester (1983) que incluye la estación del ferrocarril histórico de Manchester-Liverpool.

Otros museos, definen una geografía intencional del territorio, constituyendo un sistema complejo a base de múltiples museos temáticos. Es el caso de la red de museos del Museo de la Ciencia y la Técnica de la Generalitat de Catalunya en Tarrasa creado en 1984, al que pertenece el museo del ferrocarril de Vilanova i la Geltrú.
Por último, señalar en esta breve exposición del desarrollo y evolución de estos museos, la capacidad y necesidad que la ciencia y la técnica tienen de hacerse comprensible y extenderse, recurriendo a los” Science Centres” que inaugura en 1937 el Palais de la Découverte en Paris, y prosigue con éxito en Estados Unidos, el famoso Exploratium de San Francisco en 1969. Volviendo de nuevo al factor didáctico con que comenzó, más que exponer objetos, insisten en exponer conceptos con un sistema interactivo, simulando experimentos y presentando opciones que atraigan y estimulen, acercando al público al apasionante y misterioso mundo de la ciencia.

Junto a los Centros de Interpretación que también empiezan a proliferar, liberados del condicionante histórico del museo en sentido estricto, buscan espectacularidad y se adaptan como objetivo, al consumo de masas. Un ejemplo significativo lo constituye la ciudad de las Ciencias y de la Industria. La Villette, Paris (1980-1986), revitalizando eso sí, una zona industrial de mataderos de gran repercusión en la ciudad.

El Patrimonio Ferroviario y los Museos.

El Ferrocarril, aunque aparentemente parece un sistema unitario, es muy variado y rico. Así, además del clásico ferrocarril para el transporte de viajero y mercancías, están los ferrocarriles industriales, minero,, estratégicos, económicos, secundario, etc.., normalmente con un ancho de vía inferior, y gran parte de ellos fuera de servicio, pudiéndose hablar de un patrimonio activo, vivo, y de otro inactivo que es preciso conocer y conservar y que es el que aquí nos interesa.

La primera distinción a tener en cuenta, es la dualidad de este patrimonio : por una parte está el material rodante que es susceptible de construir los fondos de un posible museo, y por otra, toda la infraestructura ferroviaria, trazados, puentes, túneles y estaciones básicamente, que ofrecen posibilidades de reutilización muy variadas, pudiendo en algún caso, formar parte de un mismo proyecto museográfico, utilizando por ejemplo como sede una estación o cualquier otro edificio ligado al mundo laboral del ferrocarril, como una rotonda, un taller, etc., o los trazados como “vías verdes” practicas bastantes frecuente en el mundo ferroviario.

Destacaremos en este sentido , algunos ejemplos significativos por su valor HISTORICO, pertenecen a la primera fase de la historia del ferrocarril, y su valor TECNOLÓGICO y SIMBOLICO por las mismas razones, cuya mera existencia podemos considerar de verdadero milagro.

Nos referimos en primer lugar a la nave de madera de Forth Street en Newcastle upon Tyne, obra de Stephenson en 1823, ciudad en la que Robert Stephenson &Co. Construye en 1829 la celebre Rocket que desarrollará luego el ferrocarril de Liverpool Manchester, restaurada como casa °© museo del ingeniero.

En segundo lugar, el Museo Timothy Hackworth en Shildon, situado en un viejo taller de Ferrocarril de Stockton- Darlington, la primera línea que utiliza el vapor para transportar carbón, en 1825.

Otra gran actuación es la que nos muestra la foto aérea de las instalaciones de la Great Western Union en Swindon, obra de Brunel en 1842- 1849, convertidas en 1994 en sede de la RCHME ( Comisión Real de Monumentos Históricos de Inglaterra), y de la National Monuments Record, incluyendo también un museo del Ferrocarril, un poblado ferroviario rehabilitado de casas construidas por el propio Brunel, galería de arte, un Instituto Mecánico, etc., formando todo ello un gran centro cultural. hoy día, porque el tren forma ya parte de nuestro imaginario y de nuestro mundo de ensoñación.

Somos conscientes de que en general es una cuestión de cultura, como lo reconocía Luis Bergeron “Las normas que permiten determinar el interés de una construcción industrial todavía son poco conocidas. Esto requiere una cultura especifica. Lo que se lleva generaciones haciendo con las iglesias y los castillos no tiene equivalente en el patrimonio industrial”.

La evolución de los museos

No se puede olvidar sin embargo, lo que con muchos años de anterioridad, se hizo en el campo de la ciencia y la tecnología dando lugar al nacimiento de una museografia técnico- científica nueva.

El Conservatoire d’ Arts et Metiers en Paris, creado en 1794 por el abad Henri Baptiste Gregoire supone el punto de partida de unos museos, que en la tradición de los gabinetes científicos del XVI- XVII sienta las bases de lo que debe ser un museo de ciencia.

No solo debe conservar objetos de gran valor científico y técnico, que por cierto, era imprescindible en el clima de guerra que caracterizo la época de la revolución francesa, si no también instruir, enseñar a los técnicos. Se trata pues, de museos a los que no se acude como ocurre con los museos artísticos, a contemplar únicamente las piezas, sino que desde el primer momento tienen como razón de ser, el aspecto pedagógico: enseñar y estimular el progreso, el respeto por la investigación... etc. Con este mismo criterio, surge en el siglo XX la primera generación de museos de ciencia cuya característica común es que guardan objetos de gran valor histórico- tecnológicos:

  • el Museo de la Ciencia de Londres (1913-1928)
  • el Museo de la Ciencia de Munich (1903)
  • el Museo Técnico de Viena (1909-1918)

A todos ellos se referirá Charles R. Richards en su obra” The Industrial Museum” en 1925 en dónde ilustra por primera vez, las experiencias europeas que serán un referente importante en Estados Unidos. En materia museística, el s. XIX, el siglo de la máquina por antonomasia, representa pues, un vacío, aunque no debemos olvidar el papel jugado por las Exposiciones Universal que podríamos considerar en algún sentido como el germen del museo industrial , colecciones temporales y provisionales que cristalizarían un siglo después en la constitución de museos definitivos.

Después de la segunda guerra mundial, tiene lugar la irrupción de otro patrimonio a salvaguardar. el Patrimonio Industrial, que se considera como un bien cultural. El papel recuperado, supone la regeneración urbanística de una zona industrial degradada, el Natahoyo, revitalizando una parte de la fachada marítima en pleno corazón de la ciudad. Inaugurado en 1996, ofrece un museo vivo y abierto, dónde se puede recorrer en un recinto propio acotado, un itinerario en una de sus locomotoras de vapor, la SAF n0 1 que la Escuela Taller del museo reparó y puso a punto.
Precisamente es destacable la labor de esta Escuela Taller no sólo en el campo de la restauración y conservación del patrimonio, sino también en el de la formación profesional, pudiéndose mencionar el Plan de Inserción Laboral y Empleo Social digno de elogio, que dio trabajo a muchos parados y pensionistas en un programa de gran rentabilidad social y cultural.

Otro museo singular lo constituye el Museo de Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú que como ya decíamos, forma parte de la red de museos catalanes cuya cabeza principal, el Museo de Ciencia i Técnica de Catalunya, dirige Eusebi Casanelles en Tarrasa. Los orígenes del museo ferroviario se remontan a la celebración en 1975 en Cataluña, de un congreso de modelismo ferroviario que reunió a los principales especialistas en la materia, constituyéndose finalmente el museo en 1990 con la particularidad de ofrecer un conjunto representativo de máquinas de vapor en la semi-rotonda de la vieja estación, recuperada para tales fines.

Y para terminar, mencionar el cuarto museo significativo, ubicado también en una estación ferroviaria en Azpeitia, dentro de otra comunidad autónoma, Euskadi, que periódicamente organiza un viaje a vapor hasta la basílica de Loyola, aproximadamente 6 kilómetros, transcurriendo por un paisaje de gran belleza, que representa realmente una vuelta al pasado para muchos aficionados que desde distintos rincones de España y del extranjero, se acercan deseosos de experimentar por un tiempo, el sueño que el progreso les ha arrebatado.

Mercedes López García
Universidad Politécnica de Madrid
NOTA: Esta conferencia se ilustra con 50-60 diapositivas de los ejemplos que se menciona